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 Saludos a todos, me presento

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Sombra



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Fecha de inscripción : 13/03/2011
Edad : 56

MensajeTema: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 5:01 pm

Me llamo Ricardo, Ricardo Gascó y soy valenciano, español.

Cómo pronto les hablaré de algunas cosas qué espero qué les sorprendan (agradablemente, espero), mi presentación va a ser algo especial (creo) ya qué la haré contandoles una experiencia de caza qué guardo muy adentro.

Creo, espero, que servirá para darme a conocer de la mejor de las formas.

Ando ya rayando el medio siglo.

Vengo cazando desde chico... hasta donde puedo recordar, primero con el tirachinas, luego acompañando a mi padre, de "perro", por ser demasiado menudo para poder portar o usar arma alguna, más tarde, con la carabina de aire comprimido cuando la tuve y quizás un poco antes con la de algún amigo o primo, persiguiendo gorriones y hasta algún palomo, los primeros puedo contarlos más qué por cientos por miles, los segundos más escasos, después llegó el tiempo de echar algún tiro suelto, esperando al agua o a la sal a los torcazos, con la escopeta de llaves del 16 de mi tío, con munición qué el buen hombre recargaba con polvora de fusil qué tenía guardada desde la guerra... ¡¡¡qué talegazos qué pegaba aquello!!!... y, finalmente, llegó el día de cumplir los 14 años, sacar mi licencia de armas y tener mi primera escopeta... más tarde llegó el rifle y, con el tiempo, acabé siendo bastante buen tirador y, quizas, aún mejor cazador, tanto tanto qué un buen amigo, professional hunter en el Yukón canadiense, qué estaba pensando en dejarselo para dedicarse de lleno a su otra gran pasión, la escultura, me propuso traspasarme su cartera de clientes y qué lo sustituyese.

Circunstancias de la vida hicieron qué eso de la escultura no le fuese finalmente bien a mi amigo y no pudo dejarse lo de professional hunter, así qué no acabé siendolo... y, bueno, a lo que iba:

El caso es qué llegó un momento en qué me vi en el brete de no poder pagar toda la caza qué, técnicamente hablando, podía abatir y eso me llevó a comenzar a buscar formas de limitarme:

Cazar sin visor, irme al monotiro... y, finalmente, llegué al arco... y ahí si, amigos, di con lo qué estaba buscando.

Una forma de cazar más abatiendo muchísimo menos.

Cualquier mindunguí (sin animo de ofender ni de hacer de menos a nadie ni de levantar polémica alguna: se de lo que hablo y si tienen dudas vuelvan a leer un poco más arriba) con una buena arma, con la munición adecuada y una mira de calidad bien centrada, a poco qué se apliqué en aprender a tirar medianamente bien, puede abatir piezas desde distancias qué, a menos qué vaya a cazar recubierto de brillantes y sonoros campanillos y bañado en agua de colonia, quedan por completo o casi por completo fuera de las capacidades sensoriales del animal pero, cazando con arco, o se es cazador o, sencillamente, no se caza:

Hay qué ser capáz de en un rececho meterse por debajo de los treinta metros del animal y en las esperas y aguardos, pasar desapercibido hasta tenerlo por debajo (en ocasiones muy por debajo) de la veintena de metros y esas cosas o eres capáz de hacerlas o no.

Ahí no hay ni medias tintas ni medios técnicos qué te lo pongan más fácil.

En fin, a lo qué iba, estando en esas, un buen día salí a recechar un venado.

Quería ese, no otro.

Estando revisando unos manzanitos muy querenciosos de los jabalíes un buen día dí con sus huellas.

Tremendas.

Vaya pedazo de bicho.

Parecían más de vaca qué de ciervo, por el tamaño, así qué me lo tome con calma y me lo marqué cómo objetivo.
Saqué moldes en escayola de las huellas, para estudiarlas a fondo (aunque su propio tamaño dejaba poco espacio para el error) y poder reconocer hasta la menor traza de esas manos donde quiera qué las viese.

Recorrí kilómetros y kilómetros, buscando su rastro, siguiendolo, encontrandolo y perdiendolo para volver a retomarlo en ocasiones el mismo día unos cientos de metros más allá y en otras días después, averiguando sus querencias, localizando donde entraba a beber y en qué pastos pacía y, en todo ese largo tiempo, jamás logré echarle el ojo encima.

Prometía ser una cacería de las buenas, de las qué uno puede recordar toda su vida... y de las qué yo buscaba y gusto aún de encontrar:

Las qué me llevan tras una pieza en concreto durante días, meses en ocasiones (el record lo tiene un jabalí tras el qué andé más de dos años, pero esa es otra historia), cazando y disfrutando de la caza.

Y, finalmente, un buen día ocurrío lo qué tarde o temprano sabía qué acabaría por ocurrir:

Allí estaba, en la otra orilla de una recula del pantano, en uno de sus abrevaderos preferidos. Era un tiro largo. Más de 300 metros. Pero de haber continuado cazando con rifle ahí habria acabado posiblemente la historia, ya qué estaba quieto y completamente limpio, en el fondo de una recula, casi un barranco, a cubierto de cualquier viento, sólo con lisa agua entre el y yo sobre la qué sobrenadaba una muy ligera bruma. ¡¡¡Qué imagen con los prismáticos!!! ¡¡¡Qué precioso tiro con un 270 o un 300 y un buen visor!!!

No era ya el caso.

El problema era qué no había forma humana de alcanzar esa orilla desde donde yo estaba sin hecharme a nadar delante de sus mismísimas narices:

Allí el río qué alimenta el pantano se encañona apenas un par de centenares de metros aguas arriba y la corriente qué lleva tal y cómo sale del encañonamiento es bastante potente.

Retrocedí hasta el coche y me dispuse a darle la vuelta y buscarle la entrada. Sabía muy bien por qué cárcava saldría de allí, así qué todo lo qué tenía que hacer era tomarla desde arriba e ir bajandola para irle al encuentro. Aún estaba demasiado cerca cómo para salir a todo gas, así qué me lo tomé con calma hasta poner un par de kilómetros por medio y ahí si, más qué correr volé bajo:

Tenía qué dar un gran rodeo para llegar allí, casi una treintena de kilómetros, y si no me andaba vivo para cuando yo llegase a donde debía comenzar la aproximación el no sólo habría acabado ya de beber, si no qué habría subido del todo la cárcava y, sin nadie qué me lo observase y me cantase por la emisora para donde tiraba, casi casi qué habría sido pieza perdida.

Finalmente, tras algunos derrapones y más de una polvoreda levantada, llegueme a donde pensaba dejar el coche, bajé, recompuse mi equipo (gorro, máscara, flechas bien aseguradas en el carcaj, guantes, antebracera, nada en los bolsillos qué pudiese sonar, ni niguna zona de prenda suelta en el brazo o el pecho donde la cuerda pudiese rozar, pads de "olor a monte" colgando de hombros y camales, etc...) dejé todo bien cerrado y me lancé dentro del bosque en busca de la embocadura de la cárcava.

Era la primera vez qué bajaba por ella:

No me gusta pisar las querencias qué puedo observar desde lejos, sobre todo las de una buena pieza. Es una de esas cosas aprendidas de chiquillo de un buen maestro y qué tienen una muy buena razón de ser. No dejes tu olor nada más qué donde sea absolutamente preciso dejarlo. Un animal muy resabiado, y la mayoría de las buenas piezas no han llegado a ser buenas sin serlo, puede cambiar radicalmente sus hábitos ante un olor desconocido en una querencia qué considera segura... si no definitivamente, si al menos por un tiempo.

Al poco de recorrerla, bajando presto y silencioso, en una zona más blanda, vi su rastro fresco. Había bajado y aún no había subido. Aún estaba allí abajo o remontando cárcava arriba. Saqué una flecha del carcaj y la dispuse en el arco.

¡¡¡Había llegado a tiempo e iba a tener mi oportunidad!!!

Mi corazón se aceleró. Una descarga de adrenalina me puso los pelos casí de punta. Comencé a descender más despacio, vigilando lo más allá qué podía entre la foresta:

Quería cazarlo saliendole al encuentro, no limitandome a sentarme y esperarlo cuando, desprevenido, se metiese en rango de tiro. Un animal así merecía ser cazado con todas las de la ley, dandole su oportunidad si yo no era capáz de hacerlo bien.

Tenía todo de mi parte, el sol hacía ya un rato qué calentaba las cumbres y una leve brisa subía de la fresca cárcava aún en sombras. Cómo el venía de subida yo, si me andaba listo, vería asomar su cuerna antes de qué el pudiese verme y, prevenido, dispondría de al menos un par de segundos para inmovilizarme. Estaba bajando y los sonidos suben los barrancos y cárcavas mejor qué los bajan: Es más fácil qué quien está arriba oiga al qué está abajo qué al revés, y más aún si el qué está abajo está haciendo el esfuerzo de subir y generando su propio ruido, así qué el poco ruído qué yo podría inadvertidamente hacer era muy probable qué pasase desapercibido. De todas formas precaución y no precipitarse. Era ya tiempo de haber dado el uno con el otro. Debía de estar apunto de aparecer.

Seguí bajando, mirando apenas lo justo donde ponía los pies para evitar pisar cualquier rama caida o piedra suelta o dar un traspiés ruidoso. Toda mi atención se centraba en la maleza ante mi. ¿Donde demonios estaba?. ¡Ya debería haberme encontrado con el!.

Al fondo, entre las ramas, comencé a ver reflejos del agua.

Me detuve y forcé la vista escrutando las aclaradas qué me dejaban ver las aguas.

¿Sería posible qué aún estuviese en la orilla? ¿Habría decidido cruzar la recula a nado?.

Avancé un poco.

Una zona de terreno blando un poco más adelante me reveló una terrible verdad:

El venado había subido ya. Ahí estaba el rastro de bajada y el de subida, ambos igual de frescos.

¿Cómo demonios me había cruzado con el sin verlo?

Algo había ido terriblemente mal.

No lo pensé ni un segundo, desmonté la flecha, la devolví al carcaj (la seguridad ante todo, y ahora tocaba darse prisa nuevamente) y retomé cárcava arriba lo más ligero qué pude, esta vez sin levantar la cabeza, leyendo el terreno a la búsqueda de la más mínima señal de su rastro o de algún sitio por donde hubiese podido romper y dejar la trocha.

Apenas un par de centenares de metros más arriba lo vi:

Por ahí bajaba un pequeño regato, seco, a mi derecha tal y cómo subía, qué, justo donde confluía con la trocha y la cruzaba para bajar hasta el fondo de la cárcava, se ocultaba a quien bajara por ella tras una gran y espesa mata de carrasca.

No había ninguna huella ni señal fácilmente visible, el terreno era ahí demasiado duro, pero un pálpito me decía qué tenía qué haberse ido por allí.

Comencé a seguir el regato qué pronto se convirtío en la parte interior de un bordón qué, casi horizontal, bordeaba la ladera. Seguramente era obra humana, de cuando el antiguo ICONA hacía reforestaciones o, quizás, un antiguo carril abierto y medio nivelado por los madereros qué, con el paso del tiempo, se había ido erosionando hasta reconducir cómo regato el agua que recogía de la ladera a la cárcava. ¿Quien diablos iba a saber qué aquello estaba allí? ¿A donde me llevaría?.

No tardé mucho en averiguarlo. Al doblar un lomo de la ladera vi qué bajaba y embocaba en otra cárcava, paralela a la qué yo había recorrido en primer lugar, qué moría allí mismo, en un pequeño espacio abierto, formado por años y años de erosiones acumuladas, qué albergaba un pequeño y verde prado de alta hierba fresca, antes de qué la ámplia cárcava se cerrase en un estrecho barrancuelo que se desplomaba ladera abajo.

Y allí estaba. Pastando tranquilamente en aquel oculto remanso de paz y verdor, al parecer encarado al lado opuesto y totalmente ajeno a mi presencia.

Había aún algo más de doscientos de metros de bosque de altos pinos, cada vez más claros, entre el prado y mi posición.

El prado tendría unos cincuenta o sesenta metros de ancho y, quizás, algo más de un centenar de metros de largo, y el pastaba tranquilamente a apenas una docena de metros del lado del bosque donde yo estaba.

Volví a disponer una flecha en el arco y comencé una lenta aproximación.

De tanto en tanto paraba de pastar y levantaba la cabeza. Yo me inmovilizaba y esperaba a qué volviese a pastar. Cada poco avanzaba uno o dos trancos, escogiendo nuevos y más tentadores retazos de hierba al parecer... y alejandose un poco de mí qué, al pronto, veía cómo mis oportunidades de poder tirarlo desde el borde del bosque iban reduciendose cada vez más y más:

¡Si seguía así iba a plantarse en medio del prado para cuando yo llegase al borde del bosque!

¿Cómo demonios iba yo a cruzar medio centenar de metros de espacio completamente descubierto para meterme en rango de tiro?

Comencé a valorar la posibilidad de intentar bordear el claro para ganarle la posición del otro lado... pero eso significaría perder una posición en principio excelente, salir de la trocha relativamente limpia y arriesgarme a hacer ruido entre la maleza... y, sobre todo, abandonar el viento qué me favorecía por completo. ¿Qué hacer?

Decidí dejar las cosas cómo estaban y seguir avanzando.

Pronto acabó de quedar claro qué no iba yo a llegar al borde del bosque estando el en rango de tiro desde allí. Me la iba a tener qué jugar fiandolo todo al camuflaje y a mi capacidad de moverme lo más inadvertidamente posible.

Finalmente conseguí llegar al borde del prado. El continuaba pastando, cómo a unos cuarenta y cinco o cincuenta metros. Demasiado. Casi. Por muy poco. Pero demasiado lejos.

¡Joder, joder, joder...! ¡Qué mal rollo!... ¡¡¡Con el tiempo y trabajo qué me había llevado llegar a esa situación!!!

Inspiré. Di un paso y sali de la cobertura qué me ofrecía el humbrío bosque al iluminado prado.

Me inmovilicé cómo una estátua pues, justo en ese mismo momento, paró de pastar y levantó la cabeza...

¡¡¡Y la movío y miró en mi dirección!!!

¡¡Ay madre... ay madre.... !!

No. Dudo un segundo y siguió pastando. Uff... por los pelos. Vaya... ¡si miraba directamente en mi dirección!

¡Realmente no me ha visto!

Decido avanzar más. Voy concatenando un paso con otro. Me olvido de qué estoy en medio del prado. Completamente a la vista. Me miró y no me vío. Soy invisible. No existo. Soy nada, una nada peligrosa y letal qué poco a poco, centímetro a centímetro le va ganando peligrosamente terreno.

Treinta metros. Al fin. Me ha costado. Ha levantado varias veces la cabeza. Me ha mirado, al menos lo ha hecho en mi dirección, un par de veces más. Pero sigue ahí. No existo aún para el.

Asiento los pies.

Abro el arco.

Apunto.

Espero a qué vuelva a avanzar para qué adelante la pata y me deje aún más espacio. De todas formas se qué el tiro angulado desde atrás para adelante va a ser mortal.

Hasta ahora lo he hecho todo cómo dicen los cánones y me enseñaron algunos cazadores casí míticos qué tuve el placer y el lujo de conocer. Resuenan en mis oidos, como si lo tuviese ahora mismo ahí a mi lado, las palabras de Toni Sanchez Ariño cuando en una tertulia nos decía "No mireis jamás a la pieza. No lo hagais directamente. Lo saben. Lo notan. Mirarla siempre con vuestra visión periférica, con el rabillo del ojo. Aproximaros a ella con la mirada baja y no la alceis. Nunca. Jamás. Aguardad hasta el momento oportuno para el disparo y, entonces y sólo entonces, mirarla, apuntar y disparar".

Aguanto el arco. Espero el momento. Su cabeza se eleva ligeramente sobre la hierba. Va a dar el paso.

Noooooooooo!!!!!

Acaba de levantar la cabeza. ¡Se que va a volver a mirar en mi dirección!

Cierro los ojos.

Quieto.

No hay sonido.

Ahora si:

Oigo el bosque. Los pájaros. El susurro del viento en las copas de los árboles.

Rezo.

No siento resonar el suelo. No oigo ruido de huida. No puedo estar así eternamente, aguantando el arco abierto con los ojos cerrados. He de abrirlos.

Los abro.

Sigue ahí. A vuelto a bajar la cabeza y pastar.

¡Dios!... ¡¡¡Si estoy temblando!!!

Bajo el arco y relajo.

Así es imposible disparar. Treinta metros largos otra vez y yo estoy cómo un jodido flan. mie!#@. respira, Ricardo, respira. Despacio. Sin hacer ruido. Relajate. Has llegado hasta aquí. Puedes volver a meterte en rango de tiro. Son tan sólo unos pocos pasos más.

¡¡¡Qué narices!!!

¡¡¡Voy a hacerlo mejor qué eso!!!

Nada de tirarle a teinta metros: voy a meterme en veinte.

Avanzo.

Increible. ya casi estoy en los veinte metros. Un poco más. Sólo un poco más. Puedo hacerlo.

Diez metros. Expiro. Abro el arco aprovechando la inspiración para hacer el menor movimiento posible. Apunto. Expiro lentamente mientras qué espero qué de un paso y adelante la pata. Ahora. Da el paso.

Sigo expirando. No largo la flecha.

Sigue comiendo.

Destenso.

Bajo el arco.

Avanzo aún tres o cuatro metros más.

¿Sigo y lo toco?.

No. Qué poco honroso sería para el. No lo merece.

He ido todo el tiempo encorvado, con la cabeza entremetida entre los hombros para ofrecer una silueta lo menos reconocible posible. Me hiergo ahora en todo mi metro ochenta y secis centímetros.

Alzo la mano y retiro la máscara.
Con el mismo movimiento hecho atrás la capucha.

Espero.

Clavo la vista en su nuca.

Para de comer.

Alza la cabeza y me mira directamente a los ojos.

Que bonitos ojos.

Extrañeza, asombro... casi diria indignacion.

Se vuelve y camina, trota mas bien, unos pasos hasta el borde del prado.

Ya alli, en la linde del bosque se para y me vuelve a mirar. Como queriendo confirmar que, en efecto, ha visto lo que ha visto y que yo estoy ahi parado, casi en el centro del prado, mirandolo aun.

Da la vuelta y desaparece en el bosque.

Respiro.

Yo tambien me doy la vuelta:

Es el mejor venado que he cazado en mi vida.
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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 5:10 pm

jajajajajajajja, entraste por la puerta grande, me encantoel relato.......

pasa bienvenido a esta tu casa, pasa diviertete y disfruta de nuestro buen rollo, aqui.

puedes postear, lo que quieras.....nuestar unica regla fundamental(ya todos conocemos las de los foros) es la amistad ante todo.

amigos ricardo, nos traera buenas noticias, a los arqueros de este lado del charco. ya nos contara, por ahora termina de llegar y ponte comodo.

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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 6:51 pm

Ricardo , bienvenido , que buen relato hace tiempo que no leo algo tan bueno,
entiendo porque usas Sombra de nick, con el relato no hacen falta las fotos , me hiciste "ver " todo , gracias .Sentite en casa , este foro es tuyo.
Saludos , Sergio

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Sergio Luis Acera

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Sombra



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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 7:18 pm

Agradecido a ambos por el recibimiento y disculparme por las fotos.

No me creerán (aunque es cierto) no soy mucho de sacarme fotos... y menos aún con piezas abatidas, así qué no tengo ninguna qué mostrar.
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kato
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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 7:53 pm

En realidad quise decir que no hacen falta fotos con un relato asi , perdon si entendiste que te pedia fotos, un abrazo

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Carancho
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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 8:15 pm

Primero que nada bienvenido Ricardo.
Segundo, ¡què pedazo de relato, sì señor!
Confieso que tengo mis reparos con el tema de la caza y mas que nada de los cazadores (es que durante muchos años, jamàs conocì cazadores criteriosos o con ètica, no sè còmo llamarlo, sino inescrupulosos que salian a matar), pero ese gesto tuyo al final del relato se ganò todos los aplausos.

De joven tuve un profesor de ebanisterìa que era valenciano. Viviò en mi ciudad desde que se vino de España luego de luchar en la guerra civil contra Franco. Era todo un personaje y lo recuerdo con mucho cariño. Falleciò hace unos cuantos años y uno de sus hijos, uruguayo, vive ahì.

Saludos.
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Oso Blanco
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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Dom Mar 13, 2011 8:50 pm

Bienvenido al foro, Sombra, espero te sientas a gusto por aqui.
Pedazo de presentacion te mandaste, gracias por el relato, creo que a los que nos gusta leer nos va a venir barbaro tu estadia en el foro.
Saludos desde la pequeña Salliqueló
Claudio

_________________
Aprende de tus fracasos,
y por supuesto..............
vuelve a intentarlo
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Daniel Lepe
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Edad : 27

MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Lun Mar 14, 2011 4:39 pm

bienvenido amigazo!!! o ando seco con eso de la caza, NO cazo, pero que buenos recuerdos te cargas..
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claudio moron
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Mensajes : 1576
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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Lun Mar 14, 2011 7:48 pm

bienvenido al foro sombra,he pegado una miradita previa a los otos subforos y veo que tienes mucho para compartir, buenisimo ojala te sientas cómodo en el foro, en cuanto la presentación, también me gustan mucho los relatos y aunque a la caza no le haga, en este caso tu relato tuvo un excelente final, una vez mas bienvenido!
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gonzalo perez



Mensajes : 301
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MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Mar Mar 15, 2011 7:17 am

Un saludo Ricardo, bienvenido por el foro
lol!
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AZTEC BOWYER

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Mensajes : 287
Fecha de inscripción : 28/02/2011
Edad : 47

MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Mar Mar 15, 2011 10:17 am

Bienvenido sombra por aqui andaremos, me entretuvo bastante tu historia aunque por aca si hay venados, no me gusta cazarlos quedan pocos, jabalies si hay demasiados, ponte comodo!
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aldo
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Mensajes : 1368
Fecha de inscripción : 27/10/2010

MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Mar Mar 15, 2011 5:50 pm

Saludos desde La Rioja Sombra y bienvenido.

_________________
Cuando todo te va mal. (Levantate y ruge.)
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hubert

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Mensajes : 346
Fecha de inscripción : 09/04/2010
Edad : 51

MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Miér Mar 16, 2011 8:39 pm

Bienvenido sombra, buen relato de presentación.
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Pablo Gianfrini

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Fecha de inscripción : 21/03/2011
Edad : 44

MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Sáb Mar 26, 2011 10:14 pm

Por dios! Amigo Sombra, se me ha puesto la piel de gallina!!! Que relato, que caceria! un tiro perfecto!!! Siempre crei en la gloria de liberar las truchas en los rios de mi amada patagonia y hoy entiendo que con la caza se puede sentir la misma sensacion.
un abrazo
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Gandalf
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Mensajes : 2745
Fecha de inscripción : 13/02/2010
Edad : 62

MensajeTema: Re: Saludos a todos, me presento   Mar Abr 05, 2011 3:30 pm

Ricardo que mas te puedo decir que no te dijero y que relato!!! y que presentacion Bienvenido al foro de arqueros y literatos por que esto se va agrandando para bien de todos
Un gran abrazo y saludos desde San Antonio Oeste
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